Mi diario

.:: Mi diario::.

He aquí los trozos remendados de un viejo diario ultrajado y polvoriento, que antes fue privado y ya nunca más podrá volver a serlo. En sus letras despojadas de intimidad, ya no quedan secretos pero sí, frases sueltas de mis libros, recuerdos, añoranzas, reflexiones, preguntas, emociones, verdades y mentiras...
Esta página no es un blog, es mi diario ya sin velo y todavía herido, desde aquel día que le arrancaron a mi vida, la palabra: mío.
Laura.


ATARDECER VIOLENTO DE MELANCOLÍA

Son las 8:30 de una hermosa tarde de verano y estoy sentada en las piedras de la costa brava, escuchando mis canciones favoritas, las mismas de siempre, las que llevo conmigo como si fueran un bálsamo para el alma en las buenas y en las malas...
El de hoy es un atardecer violento de melancolía, que trae consigo recuerdos de aquellos días que viví entre la sombra y el miedo, de las veces que perdí llegando primero, de cuánto quise convertir en besos todos mis intentos de morderte la boca, de la prueba irrefutable de que sigo en bancarota, sobreviviendo a duras penas con unos pocos "te quiero" que me dan con cuentagotas. De proyectos que no fueron, de mentiras que no eran y de verdades que tampoco.
Mucha agua ha pasado desde entonces, pero cambiando su estado: de hielo, a río, a mar y a lluvia, en un ciclo infinito de terminar, para volver a empezar. Y brotan de mis ojos lágrimas desordenadas que como la lluvia, caen en cualquier parte, buscando un lugar donde pueda reinventarme, saber para dónde iba, tomar coraje y volver a galopar montaña abajo entre caudales, hasta llegar de nuevo al mar, calmo y plateado como el de hoy, a descansar mis pies en sus piedras, olvidándome de lo que fui, ya sin remedio.
Tarde violenta de melancolía que me pregunta cuándo volveré a ser lo que nunca he sido.
Canciones de Eros, Melendi, Arjona, Fito o Shakira, que me preguntan cuál hubiese sido mi destino si en vez de decir que sí, le hubiese dicho que no a ese mago poderoso que llaman amor: ciego, sordo, mudo, torpe, plasta y testarudo...
Agua de olas saladas que me susurran al oído que aún me queda media vida, para encontrar la melodía, que hay que empezar de cero para tocar el cielo, que hay que perseverar hasta llegar a la otra orilla...
Y levanto la vista hacia ese horizonte anaranjado que poco a poco oscurece, para preguntar en voz alta: quién conoce alguna esquina, que me ayude a olvidar que empecé por las espinas...

Laura.-



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